Este niño no pudo evitar pasar a la historia, aunque ya son pocos los que le recuerdan. Lo descubrí paseando un día por el Cementerio Municipal de Pozuelo.

Tumba pequeña en el suelo bajo un árbol, acompañado de otros niños, pero esa lápida describía algo que hizo que todo lo demás desapareciera. He vuelto a visitarlo en alguna ocasión más, el lugar siempre está limpio aunque las letras incrustadas de metal sobre la piedra han ido desapareciendo, dificultando su lectura. Me sorprendió ver una de esas veces un ramo de vivos colores que reposaba sobre la fría piedra.

3 de abril de 1921. Ricardo estaba ayudando, como era costumbre, a cuidar las pocas gallinas que tenía la familia. El padre todavía no había llegado, trabajaba en una de las fábricas de curtidos que había en la localidad.

La pequeña vivienda donde  vivía Ricardito estaba situada justo al lado del hermano mayor del patriarca. El hermano tenía 7 hijos, el pequeño Ignacio, de apenas 3 años, seguía siempre que podía a su primo,  éste siempre que podía le hacía una carantoña o le daba alguna galleta o trozo de pan que había cogido a escondidas. Ignacio esa tarde estaba intranquilo, quería salir fuera a jugar. Iba lloriqueando y molestando a todo el que se acercaba a él. Ya cansada, la madre se acercó a las 5 y media de la tarde a casa de sus cuñados para pedirle a Ricardito que acompañara al pequeño a la calle a jugar. A Ricardo, que solo tenía 2 años más que su primo, le gustaba sentirse mayor y tener esa responsabilidad. Ignacio obedecía a Ricardo y lo observa intentado imitarle cuando le veía jugar a “los santos”, pero ese día lo que quería era correr, saltar, así que empezó a molestar en el juego, cada caja de cerillas que lanzaban los jugadores, Ignacio se acercaba entorpeciendo el juego. Viendo que no iba a poder  disfrutar y que se estaba enfadando, Ricardo les propuso a los amigos cambiar de juego, mejor sería jugar al escondite. No les costó ponerse de acuerdo.

Uno de los escondites favoritos de Ricardo e Ignacio estaba situado en un hueco que había en el muro de una casa que estaba en la calle que llevaba a la estación.

Una de las veces que les tocaba a ellos esconderse se miraron, ya sabían hacia donde tenían que correr. Estuvieron ahí juntos, primero en silencio, después más relajados iban hablando y riéndose con sigilo hasta que oyeron el ruido de alguien corriendo hacia ellos que pasó rápidamente por delante de su escondite, suspiraron tranquilos, se miraron, sonrieron, llegó de nuevo el silencio y la sombra de su amigo iba acercándose hacia ellos lentamente. En ese momento los dos salieron de su escondite lo más rápido que pudieron para dirigirse al lugar donde podían salvarse y no perder el juego. Eran las 6 y media de la tarde. Un coche pasaba por ahí y al conductor no le dio tiempo esquivar a uno de los niños. Frenó en cuanto fue consciente de lo que había ocurrido. Llevaba pocas semanas trabajando como chófer. Se había sentido muy afortunado al conseguir ese puesto, para él significaba ascender, era mucho mejor trabajar como chófer que en la fábrica donde desde pequeño había trabajado. Su oportunidad había llegado de casualidad, casi sin soñarla.

En un momento tres familias vieron sus vidas cambiar, nada, nunca más, sería lo mismo. El conductor del vehículo, fue encarcelado esa misma tarde, aunque poco después salió en libertad en su mente siempre quedó marcado el grito largo, eterno, que salió de Ignacio. Ignacio no fue muy consciente de lo que acababa de ocurrir, pero los comentarios que fue oyendo a lo largo de los años le hicieron tener un sentimiento de culpa que jamás consiguió calmar. Si él hubiera sido paciente su admirado primo no hubiera tenido que jugar al escondite. Las visitas al cementerio le daban paz.

Ricardo murió al instante, convirtiéndose en el primer niño atropellado por un automóvil en Pozuelo de Alarcón.

Dato: Los atropellos de automóviles en los años 20 eran más habitual de lo que podríamos pensar, en el ABC del 5 de abril de 1921 se recogen 5 atropellos.

De esta historia solo sé que es verídico que en el cementerio mencionado hay una lápida de Ricardito, que está limpia y que la noticia se publicó en el ABC; todo lo demás lo he imaginado. 

 

 

 

Noticia publicada en ABC el 5 de abril de 1921